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Relato Gay - En el tunel



Aquel día no se porque motivo tenía una calentura encima que no podía más. La mala noticia era que no podía bajarla con ninguno de mis follamigos porque estaban trabajando. 

Yo me acerqué a Madrid a entregar unos papeles a Hacienda. Cuando cogí el metro para regresar a mi casa, me vino a la mente una buena idea. Sabía que en la Linea 1 del metro había cruising y tocamientos entre hombres, especialmente cuando el vagón de atrás venía o muy vacío o muy lleno.

Cuando bajé hasta el andén me dirigí a la parte final. El tren no venía excesivamente lleno, pero creía que sí lo suficiente para acercarme a cualquiera que me atrajera. Así que me subí. Cuando se cerraron las puertas y miré alrededor me llevé un gran fiasco al ver que ninguno de los hombres que había me parecía atractivo. 

Me resigné a que mi calentura tendría que esperar a que llegara a casa para poder hacer algo. Intenté concentrarme en otra cosa que no fuera mi frustración por no haber encontrado con quien bajarme las ganas, cuando empecé a sentir una mano que se apoyaba ligeramente en mi trasero. Al principio no le hice caso, pensé que tal vez ni siquiera se tratara de una mano, quizás la mochila de alguien que se había arrimado hacia mí al entrar más gente en la anterior estación. Sin embargo, cuando noté que empezaba a acariciarme el culo tuve que admitir que aquello no podía tratarse de una mochila o algo similar.

Miré de reojo y vi a un hombre que no debía tener más de 35 años, bajito, moreno y ojos pequeños. Dudo que alguien pudiera considerarlo atractivo, pero cuanto más acariciaba mi culo más cachondo me iba poniendo. Después de todo ¿Qué importaba que no fuese el hombre de mis sueños?

Me acomodé para que el señor pudiera tocarme con más libertad, al mismo tiempo que yo podía rozar su polla. No se sentía muy grande, pero en esos instantes cualquier polla me servía para estar satisfecho. Aunque estaba disfrutando mucho rozar el rabo de aquel hombre, era aún mejor sentir su mano masajeando mi trasero. 

Me moría porque aquel hombre me desnudara. Lamentablemente, las circunstancias eran adversas. Según nos ibamos acercando al final de la línea, el vagón se iba quedando vacio y tuvimos que separarnos un poco y dejar de tocarnos, ya que resultaba muy sospechoso que siguiéramos pegados.

Estaba preparado para bajarme en la estación que el hombre se bajara. Tal vez tuviese sitio o quizás podríamos encontrar un lugar tranquilo por la zona. 

Afortunadamente el hombre se iba a bajar en la última estación estación, Valdecarros. Una vez fuera del tren nos quedamos mirando y se me acercó. Me estrechó la mano y me dijo que se llamaba Jose. Yo le dije mi nombre, y mientras caminábamos hacia afuera íbamos hablando de dónde veníamos, adónde íbamos y demás.

- "¿Entonces qué hacemos?" Le pregunté una vez que estuvimos fuera de la estación.
- "¿Qué quieres hacer?" Me respondió el.
- "¿No es obvio?"
- "¿Conoces algún lugar por aquí?
- "La verdad que no" Confesé. No solía andar mucho por ahí, al menos no en lo que respectaba a buscar sexo.
- "Yo sé de un lugar donde se puede, pero no sé si te parezca bien" Comentó él.

Tal como iba lo hubiera seguido al mismísimo infierno. Le dije que estaba dispuesto con tal de sentir su polla. Nos pusimos andar y a mí se me ocurrió que quizás fuéramos hacia un parque que se encontraba cerca y que aún no estaba inaugurado, aunque no sabía muy bien si podríamos hacer algo sin arriesgarnos excesivamente a que nos pillara alguien. Sin embargo, cuando le pregunté directamente, él me respondió que era mejor el tunel peatonal bajo la M-45.

- "¿Tunel?"
- "Sí, ya lo he hecho en otras ocasiones ahí" Me respondió él.

Así que me dejé llevar. Anduvimos como unos 15 minutos y al llegar el lugar se encontraba vacío. Me di cuenta que en realidad era una buena zona ya que nadie podría vernos.

Jose no tardó ni un segundo. Apenas habíamos llegado al lugar cuando se desabrocho el pantalón y sacó su polla.

- "Chúpamela" Me ordenó.

Me acomodé entre sus piernas mientras tomaba aquella polla entre mis manos. Debía medir alrededor de quince centímetros, algo delgado, pero lo que realmente me fascinaba era su color moreno y la forma en la que su prepucio se retraía con facilidad y dejaba a la vista un glande de forma triangular, con su base ligeramente más ancha que el resto. Además era totalmente recto, tal como a mí me gustan las pollas.

Aunque me encantaba contemplar aquel pedazo de carne, la verdad es que moría por comérmelo. Agaché mi cabeza y me metí directamente aquella polla. 

- "Muy bien, cabrón" Murmuraba Jose mientras me acariciaba la cabeza.

Tras varios minutos disfrutando de su rabo sin parar. Me la saqué de la boca y fue cuando aprovechó para decirme:

- "¿No quieres que te la meta?"
- "Por supuesto" Le contesté mientras desabrochaba mi pantalón para poder bajármelo. Hasta el momento había estado simplemente rozando mi pene sobre la ropa.

- "¿Traes condones?" Le pregunté. 
- "No" Me contestó mientras hacía una mueca rara. Seguramente pensó que ahí se había terminado todo.
- "No te preocupes, yo sí traigo" Le dije mientras sacaba mi cartera.

Retiré su mano de su polla, saqué el condón de su envoltura, lo puse sobre su glande y empecé a ponérselo con cuidado. Me encantó la sensación de ir forrando aquel rabo que me volvía loco. 

Terminé de colocárselo, y el siguiente paso fue acomodarme para poder introducirle en mi interior. Me bajé los pantalones solo lo necesario para dejar mi culo al aire libre, y me subí sobre Jose dándole la espalda. Él se encargó de sostener en alto su rabo mientras yo me fui sentando. Debido a su tamaño y grosor no fue ningún reto meterlo, pero aún así disfruté de cada milímetro que se iba perdiendo dentro de mi culo. Para asegurarme que él también lo disfrutaba, me dediqué a contraer mi esfínter mientras me iba sentando lentamente.

Me encantaba sentir como rozaba las paredes de mi culo mientras parecía latir por sí mismo, y mi propia polla se encontraba totalmente erecta ante la idea de que se encontraba en mi interior, acoplándose perfectamente.

Comencé a moverme sobre el, de arriba abajo, en círculos. Era extraño pero de repente había dejado de parecerme feo. Tal vez no podría decir que era guapo, pero sí afirmaría que era un excelente amante en la forma en que él mismo movía sus caderas para hacer mejor la penetración, en la manera en la que me tomaba de la cintura para marcar el ritmo, y finalmente en la forma en que su mano se estiraba para masturbar mi polla mientras él seguía follándome. 

Duramos un rato así, para después cambiar de posición. Me puso boca abajo. Me gustó más aquella posición. Me encantó sentir a aquel hombre sobre mí, enterrando su hombría en lo más profundo que podía, mientras sus brazos me rodeaban, encerrándome en una prisión de la cual no tenía ningunas ansias de salir.

Era tan excitante sentir a aquel hombre sobre mí, percibiendo su respiración justo en mi nuca, que cuando menos me di cuenta me corrí sin siquiera tocarme. Supongo que las contracciones de mi orgasmo lo hicieron correrse también a él, pues mientras sentía el éxtasis, él clavó hasta el fondo su rabo y se quedó quieto, en tanto sentía su respiración acelerada en mi nuca.

Ambos nos quedamos un momento así, compenetrados, mientras el placer de nuestras corridas se marchaba.

Él se quitó el condón y lo tiró. Después de eso, ambos salimos del lugar. No había nadie. Nos despedimos en ese momento, pues teníamos que tomar caminos diferentes. Lo vi alejarse sintiendo el impulso de ir detrás de él para volvérmelo a comer. Estaba ya satisfecho, mi calentura estaba calmada, pero una parte de mí no podía concebir la idea de no volver a estar con ese hombre. 

Aun así, lo dejé marchar. Me dije a mí mismo que seguramente algún día me lo volvería a encontrar en el metro, pero hasta el día de hoy lamentablemente eso no ha ocurrido. No obstante, no puedo olvidar su rabo delgado y recto, con un tamaño perfecto para follar mi culo sin lastimarme.
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Parking Auditorio Parque Juan Carlos I

El Parque Juan Carlos I fue inaugurado con motivo de la elección de Madrid como “Capital Europea de la Cultura 1992". Con el Parque se recuperó una zona altamente degradada donde se respetó un olivar centenario existente y se construyó un lago de 30000 m2, una ría de 1900 m. de longitud, 13000 m. de paseos, 21 hectáreas de olivar, 19 esculturas al aire libre, un jardín denominado de las Tres Culturas y un auditorio.

Debido a sus grandes dimensiones, también dispone de dos parkings; uno situado al lado del parque y otro que da servicio al auditorio. Es justamente en este parking, el que se encuentra más alejado y limitando con la M40, donde existe una zona donde practicar carcruising.

Hay dos accesos al mismo, uno a través del parking principal del parque, cruzando por un puente las vías del Cercanias y llegando hasta el final del mismo y el otro subiendo por el camino que va desde la Avenida de Logroño y el Parque de El Capricho a la izquierda.

A esta zona de cruising acuden ejecutivos y oficinistas del Campo de Las Naciones y de IFEMA, por lo tanto el horario con más afluencia es entre las 18:00 y las 20:00 h. a diario y los fines de semana por la noche también suele haber movimiento, pero de gente que vive por la zona.

No tiene horario por lo que permanece siempre abierto al público y la única forma y más rápida de llegar es en coche.


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Ubicación: Barrio de Corralejos, distrito Barajas.
Modalidad: carcruising, bicicruising
Calidad: media
Afluencia: media
Como llegar: coche
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Relato Gay - Mamando al guardía de seguridad



Siendo uno de los socios de la compañía, era normal que no tuviese un horario fijo y me presentara a la oficina en diferentes horarios. Muchas de las ocasiones tenía que quedarme durante el turno de noche, lo que provocó que con el tiempo me llevara muy bien con el nuevo guardia de seguridad. Tal era la confianza, que a veces me llamaba por teléfono al despacho y hablamos un rato.

Se llama Aarón, mide 1.95 m., bastante musculado, moreno, con pelo muy corto y barba cuidada. Es realmente un macho muy atractivo, treméndamente mujeriego y constantemente se encuentra sobando su paquete. Siempre me han llamado la atención sus grandes manos, son enormes.

El jueves pasado, que no tenía que ir a la oficina por la noche y al día siguiente lo tomé de vacaciones, decidí salir con los colegas a cenar y a emborracharme. Ya estaba bastante contento, cuando de repente recibí un mensaje en el móvil, pidiéndome que fuera a atender un asunto urgente. No podía decir que no y tenía que acercarme. 
Cuando llegué, me encontré en la recepción a Aaron, como no, tocándose su enorme paquete y parecía que le había pillado en su momento de excitación más alto. Al ver que estaba un poco borracho, empezó a bromear, pero le dije que tenía un poco de prisa porque debía resolver el problema, pero que luego bajaría y estaría con el un rato, ya que mis colegas se habrían ido a casa.  

El problema lo resolví en 10 minutos y bajé a la recepción. Debido al calor que hacía en la oficina, me noté un poco mareado y le pedí a Aarón que me ayudara a ir al coche porque allí podría poner el aire acondicionado y estar más fresco.

Sin darnos cuenta, este hermoso veinteañero y cachondo estaba adentro de mi vehículo. Le pedí que se quedara un rato, hasta que se me bajara la borrachera. Se sentó al lado mío y de inmediato abrió sus largas piernas para acomodarse aquel paquete. No pude resistirme y le dije que debajo de ese pantalón se intuía un rabo bastante largo, a lo que empezó a reirse. Cuando terminó, se puso serio y me dijo:

- "¿Quieres tocar para que veas lo grande y lo duro que está?"

No me lo pensé dos veces. Empecé a tocar aquel enorme paquete. Efectivamente tenía un gran rabo gordo y muy largo. Debía medir más de 22 cm. Seguidamente, le miré a los ojos y le empecé a tocar su pecho mientras le quitaba los botones de su camisa blanca. El no decía nada y se acomodó un poco más en el asiento del coche. Estaba claro que quería algo. 

Metí mis dedos entre los espacios libres de su camisa y volví a descender mis caricias hasta su enorme paquete. Aquello seguía creciendo. Aarón me ayudó y se desabrochó el botón del pantalón. Se bajó la cremallera y sacó su enorme pollón que colocó sobre su pierna derecha.

- "¿Que te gustaría que te hiciera? ¿Te gustaría que te la comiera? ¿Te molaría follarme?" Le pregunté. 
- "Me has puesto tan cachondo que vas a ver lo que un empotrador hetero como yo, puede hacer a un maricón como tu"
- "Soy todo tuyo" Le dije.
- "Vete a la sala de conferencias, quítate la ropa y no enciendas la luz. Voy a desconectar la cámara, y desviar el teléfono de la recepción"

En ese momento sentí un poco de miedo. Pero accedí. Bajamos los dos del coche, cogimos el ascensor y el se bajó en la planta baja, mientras yo me dirigí a la sexta, donde estaba la sala de conferencias. 

Me fui al fondo de la sala y me desnudé tal y como me dijo. Para ese entonces esperaba que Aarón hubiese desconectado las camaras como me había dicho. No pasaron ni dos minutos cuando siento que abren la puerta y sin hablar camina hasta donde me encuentro. Susurrando, me agarró de las manos, y de inmediato las colocó sobre su grandísimo pollón, que ya estaba fuera de su pantalón. 

Me indicó que me agachara y me metí el rabo en mi boca. Aarón se relajó de inmediato, dejándome hacer el trabajo a mi manera. Me le introduje hasta el final de la garganta, sintiendo sus huevos en mi barbilla. Aquello era delicioso. Jamás imaginé que ese guapísimo ejemplar estuviera en mi boca. El sabor de macho era increíble. Empezaba a jadear mucho y a arremeter su cadera contra mi boca. Ya habían transcurrido unos 10 minutos desde que empezamos. Sentí sus grandes manos sobre mi cabeza tratando de empujarme hasta el fondo, sentí el sabor de su primer semen. Aumenté la velocidad, como mi macho deseaba y me estuvo bombeando con mucha fuerza. Noté como las venas se empezaban a hinchar y el rabo se ponía cada vez más duro, cuando los chorros de leche brotaron de pronto. Mi boca se llenó de rica lefa tratando de tragarlo todo.

- "Ahí tienes toda mi leche, tragatela..."
- "Sigue dandome. No pares… me encanta tragar tu leche. Me encantas. !Qué rica polla tienes!" No dejé de tragar su leche, hasta que su polla disminuyó de tamaño. Aarón retrocedió, y me dijo:

- "Nos van a pillar. Tengo que salir. Te espero abajo. Vaya fin de fiesta te he dado"
- "Claro. Quisiera estar mamandote toda la noche, pero tienes razón. Hay que tener cuidado"

La borrachera se me había ido por completo y solo podía pensar en ese momento en que me había comido la mejor polla de la empresa.

Cuando bajé no estaba, así que decidí bajar al coche e irme. Cuando arranqué vi que se acercaba y me pidió bajar el cristal.

- "Me gustaría que te quedases aquí conmigo y seguir mamándome, pero no puede ser. Prométeme que la próxima vez nos vamos a un sitio más tranquilo para darte una buena follada. Te la ganaste. Mamas mejor que todas las mujeres que me he tirado"
- "Mi culo está deseoso de que llegue ese día..."
- "Cuidado con el coche. Nos vemos"

En ese momento se dio media vuelta y se fue. 
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Baños de la Estación Sur de Autobuses

La Estación Sur de Madrid es una terminal de autobuses donde parten o llegan anualmente 320.000 autobuses de 50 líneas que permiten viajar a 1.500 destinos en España y 500 en otros países de Europa, algunos tan lejanos como Ucrania, Bulgaria, Rumanía o Marruecos. Más de 7 millones de viajeros y 15 millones de personas pasan anualmente por las instalaciones.

Los 2 baños están situados en la planta 0 entre las taquillas y la cafetería Rodilla, justamente debajo de las escaleras que van a la planta 1. La zona de cruising son los urinarios del fondo y son bastante discretos. La gente espera pajeándose hasta que una vez que se ha ligado puedes meterte en las cabinas cuyas puertas son de suelo a techo, por lo que no hay posibilidad de que los vigilantes puedan mirar por debajo. También puedes quedarte mirando como se pajea el chico de al lado y correrte. Al haber dos, cuando el servicio de limpieza avisa que se desaloje el baño, se puede ir al otro que como he indicado anteriormente se encuentra justo al lado.

Hay gente de todo tipo, jovenes, mayores, extranjeros y mucha afluencia debido a la importancia de la estación.

Como llegar a la Estación Sur:
- Desde la M-40 tomar la M-30 por la salida A-3 (Valencia).
- Desde la M-30 tomar la salida 11 (Avda. Entrevías-Estación R.E.N.F.E Contenedores - C/ Méndez Álvaro).
- Desde el centro de Madrid llegar a la Estación de Atocha, en la Gta. del Emperador Carlos V y seguir las indicaciones de los carteles de tráfico.
- Autobuses EMT: Líneas: 8, 37, 58, 102, 113, 148 y 152
- Metro: Línea 6, estación de Mendez Álvaro
- Cercanías: C5, C7 y C10, estación de Mendez Álvaro


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Ubicación: Estación Sur de Autobuses
Modalidad: baños
Accesibilidad minusvalidos: si
Calidad: media
Afluencia: alta
Como llegar: Metro, Cercanias, autobus y coche
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Relato Gay - Mi primera vez I

 








 
Había venido Dani por fin para pasar con nosotros la última semana de aquel verano en la playa, en el que había estado bastante ausente. Nos reunimos en casa de Sergio con unas cervezas y salió el tema de nuestra primera vez, algo de lo que no recordaba haber hablado antes con ellos:

Mi primera experiencia sexual con otro tío, fue con el peque, de mi colegio. Después de aquel encuentro que tuvimos y de cascarme unas cuantas pajas pensando en lo que habíamos hecho, empecé a saludarle en los recreos y por la calle cuando nos cruzábamos, encontrándome siempre con su más absoluta indiferencia. 

Soñaba con volver a repetir aquellos momentos en las duchas, fuera dentro del colegio o fuera de él. En aquellos tiempos, no existía un internet tan evolucionado como tenemos ahora y, ni mucho menos, estaba en la mayoría de los hogares, así que no había oportunidad de meterse en chats ni nada parecido. Ligar en el colegio y con 13 o 14 años se hacía imposible, a no ser de que quisieras que te hicieran la vida muy complicada. El peque pasaba de mi, jamás lograba dar con el sin que fuera con sus amigotes y siempre lo asocié a eso... De hecho, uno de los días en los que le saludé efusivamente por quincuagésima vez, coincidimos en el recreo en el baño, me agarró por el cuello y me invitó a no dirigirle la palabra si él no lo hacía primero. Me lo tomé al pie de la letra y me entró un bajón tremendo, ahora que mi sexualidad estaba despertando a tope, que tenía ganas de cogerle y hacerle más cosas, de pronto, todo se esfumaba. Así pasaron dos años más. No, con 15 años no me atrevía a ir a baños de centros comerciales a ligar, a pesar de que sabía que se hacía, no me atrevía a ir a zonas de cruising (¡¡me costó otros 8 años decidirme a hacer cruising!!), así que me resigné y di por hecho que llegaría a la mayoría de edad más virgen que una monja. Proposiciones femeninas tuve unas cuantas, pero fue algo que más allá de algunos besos y tocamientos, nunca me llamó la atención.

Lo bueno para mi es que el día que soplé las velas de mi tarta de 16 cumpleaños pedí un deseo que pareció cumplirse. Ya podéis imaginar cuál. Desde aquella única vez con el peque empecé a experimentar con dedos en mi culo mientras me pajeaba, en la cama, en la ducha con agua y jabón... Había leído sobre las relaciones homosexuales en alguna revista y siempre tuve claro que me iba a gustar más dar que recibir, y salvo alguna excepción, fue así durante mucho tiempo al principio. Así, en pleno 1º de Bachillerato los profesores de varias asignaturas empezaron a fomentar el trabajo en equipo mediante asignaciones de trabajos en pareja, en los que no podíamos elegir la pareja, nos era dada. Y a mi me tocó con El Cata en varios trabajos de Filosofía, Literatura, Historia e Inglés, un chico que siempre que había fútbol venía con la camiseta oficial del Barça y eso, en mi colegio, era poco menos que sacrilegio, así que desde pequeño le apodaron el cata, de catalán, y se quedó con ello para toda la vida. Nos conocíamos desde niños, pero no habíamos coincidido en la misma clase desde que íbamos a 4º de Primaria, así que había llovido, nos habíamos desarrollado y estábamos cambiados. El Cata hacía deporte, algo así como escalada en un pabellón deportivo de mi ciudad, no recuerdo, junto con otros de la clase y el desarrollo de sus cuerpos era evidente y más destacado que el del resto. Con 16 años ya tenía bastante claro que me gustaban más las porras que las almejas y lo cierto es que El Cata se había desarrollado muy bien.

Solíamos quedar en la biblioteca del barrio para hacer los trabajos, pero a veces se llenaba tanto que era imposible concentrarse y cambiamos la biblioteca por su casa, que estaba a 10 minutos andando de la mía, prácticamente sin cambiar de calle. Las primeras veces era todo muy frío: llegar, ofrecerte algo de beber, hacer el trabajo, preguntarte al final un poco sobre fútbol y chicas y poco más. No obstante, trabajo tras trabajo podría decir que nos acabamos haciendo amigos, hablando algo más en clase, y aunque estábamos en grupitos que podríamos calificar de rivales, al final fui quedando con su grupito para algún cumpleaños al que me invitaban o alguna salida por la zona de marcha de mi ciudad. Las parejas eran las mismas para todo el curso y más aún si íbamos sacando buenas calificaciones. Jamás me hice ilusiones de intentar algo con él, pero cada vez pasar tiempo a su lado se hacía más agradable. Incluso empezó a salir con una compañera de clase y no se cortaban precisamente a la hora de demostrar su amor en el patio del colegio o fuera del mismo, con toqueteos y restregones incluidos, lo que provocó que les cayeran muchas críticas de los más envidiosos. Total, que ya tenía asumido que entre el y yo solo habría la más bonita de las amistades.

Sin embargo, tiempo después, a mediados de curso, para marzo creo recordar, me empezó a hablar de sexo. Por lo visto, su chica era un poco estrecha o vergonzosa y aparte de restregarse y hacerle alguna paja, no iba mucho más allá. Y al Cata esto le traía por el camino de la amargura. Como eramos unos 32 en clase más o menos todos sabíamos de todos y me preguntaba por qué yo había cortado con cual, o por qué había rechazado a tal con lo buena que está. Me contaba cómo se besaban, cómo la metía mano, cómo le pajeaba, cómo se hacía la reacia a chupársela con las ganas que él tenía y cómo le negaba constantemente hacer el amor por primera vez el uno con el otro. Total, que medio en broma medio en serio, le dije: eso es que tienes un pollón y la tienes asustada, tío. Se empezó a partir de risa y me preguntó: No creo, ¿no? A ver tú qué crees. Y diciendo esto se bajó el pantalón y me enseñó sin apenas pudor su rabo medio morcillón:

- "Hombre, pues normalita, ¿no?" - dije con cara pícara.
- "Espera que me la ponga dura, joder" - dijo.

Y se la empezó a menear y aquello creció como a unos 18 centímetros con una anchura muy estándar. Era larga, pero no muy ancha, lo justo, tampoco nada que asustara, quizá por su longitud a una chica virgen como era su novia. Estaba circuncidada y tenía un glande prominente. En aquel instante no pude quitar ojo y se me puso dura, cosa que el notó, pero no le pareció raro:

- "Espera tío, vamos a hacer una cosa..." - dijo, saliendo de la habitación.

Al volver traía una cinta VHS y la puso en el televisor-combi de 14" que tenía en su habitación. Una película porno hetero con una rubia pechugona despampanante y el tío que simulaba ser un albañil.

- "Es de mi viejo, se la pillé el otro día... Vamos a cascarnos una paja, a ver quién se corre antes" -dijo tumbándose en la cama.
- "¿En serio?" -acerté a decir.
- "Anda, no te hagas el loco que te ha puesto empalmado todo lo que te cuento, ¿eh? Vente aquí, que cabemos" -me dijo.

Y así hice, me tumbé a su lado, me bajé el pantalón y empezamos a pajearnos, cada uno la suya. Hacía como que miraba a la tele, pero por el rabillo del ojo lo que realmente miraba era su polla, el botar de sus huevos y su negra pelambrera, al final opté por mirar hacia delante, lo que me hacía mucho más fácil mirarle la polla con discreción y aquella forma de pajearse y de verle, me puso tan cachondo que no tardé en correrme y "ganar" aquella competición. Mientras me corría noté cómo El Cata miraba cómo la leche me salía del rabo y se me quedaba en el pecho, de tal modo que aquello, por algo desconocido, debió excitarle y a los 40 segundos se corrió. Nos limpiamos, guardó la VHS y seguimos tan de colegas.

Las pajas se repitieron en varias ocasiones, le picaba mucho que siempre me corriera yo antes que el, pero tras unas cuantas veces me dio la sensación de que le gustaba verlo.

Llegó junio, mes tradicional de exámenes finales, agobios y calor. Había que hacer un último trabajo que nos iba a llevar varios días, pero El Cata estaba serio y cabreado. Al llegar a su casa me contó que su chica entre la regla y los exámenes le tenía a dos velas, aún no habían follado, pero la chica le cascaba pajas todas las semanas. Y que con tanto agobio el necesitaba un desahogo, que no podía con tanta presión. A lo que mi mente reaccionó: "vamos, que te apetece otra paja a dúo y no sabes cómo decirlo". Y así era. Sus padres llegaban tarde de trabajar, así que no había problemas de ser pillados. Sin embargo aquel día fue todo más calmado, más pausado y, por primera vez, con ambos completamente desnudos (por el calor como excusa). 

Su cuerpo me volvía loco, soñaba con sobárselo, chupárselo, tocarle el culo, la polla... Puso la película, esta vez, para mi sorpresa, era una película de temática bi. Su padre tenía una buena colección que creía escondida. Iluso.

Empezamos a pajearnos como de costumbre hasta que dijo: relaja, vamos a disfrutar de esto un poco más, a ver quien la mantiene dura sin tocarse. Esa y otras pruebas mientras una morena de rodillas se la chupaba a dos tíos en la pantalla, para más tarde, uno de esos tíos ponerse de rodillas y chupar la polla al que quedaba de pie ayudado por la morena.

- "Lo que daría por una buena mamada... es que hasta me daría igual que me la chupara un tío..." - dijo, el muy cabrón, mirándome a los ojos fijamente y balanceando su rabo.
- "Uff, ya ves tío" -contesté.
- "En serio, es que me daría igual..." - insistió.

Por mi mente pasaron muchas cosas. Muchos miedos. Muchas inseguridades. Pero, total, sólo quedaba un año de colegio, tan malo no podría ser aunque yo me pusiera a chupársela y se supiera. Así que me levanté, bajé la persiana de su habitación y le dije:

- "Cierra los ojos."
- "¿Y eso?" -contestó.
- "Siempre propones tú las pruebas o jueguecitos, ahora me toca a mí..." -dije tembloroso.

Cuando vi que cerró los ojos, me puse en la cama con mis piernas por fuera de las suyas, cogí su polla con la mano y me la metí en la boca. Habían pasado más 3 años desde aquella mamada al peque, pero chupar una polla es como montar en bici: una vez se aprende, no se olvida. Empecé a chupársela despacio, acariciándole los huevos, de arriba a abajo, metiéndome todo lo que me entraba, entre pequeños susurros de: oh tío, si, joder, ufff, por fin, dios, esto es el paraíso, joder, sigue, más rápido, más rápido... Notaba como las venas de su polla se endurecían y aceleré el ritmo, ya sudando como un cerdo, hasta que me llenó la boca de su lefa pastosa. Tardé en soltar aquella polla y cuando lo hice, fui al baño, escupí y pude ver como El Cata seguía en la cama. Me hizo un gesto para que me tumbara, y ni corto ni perezoso, me casqué una paja para que el viera cómo me corría. Por alguna circunstancia le daba morbo. Me levanté de nuevo a limpiarme y me soltó una cachetada en el culo:

- "Tampoco me importaría follarme un culo que un coño, total, son agujeros" -dijo.

Toda una declaración de intenciones. Lo se... 

(Continuará...)

Relato facilitado por Diario de cruising
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Fotos XXX - Militares


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